Casera

Author: 
Matthew English

"Hola casero", grita Vicky a uno de sus clientes que pasa caminando por la entrada exterior de su puesto de comida. El peatón la ignora.

Ella expresa una mirada dramática de shock. "Vaya, no creo que lo conozca", se ríe. Ella nunca pierde una oportunidad para saludar, de vez en cuando accidentalmente llamando a completos extraños.

Incluso si ella no lo conoce, su uso afectuoso de la palabra casero puede atraer para probar uno de sus tacos o hamburguesas otro día. En Bolivia, la palabra casero o casera se puede utilizar tanto para el cliente como para el comerciante. Es un término entrañable que asegura al comerciante que "usted sabe que no compraría de cualquier persona" y le recuerda al cliente que "le estoy dando precios mucho mejores que las otras tiendas." Vicky la usa para hacer que cada uno se sienta bienvenido en su puesto de comida rápida.

La apertura de Vicky es lo que necesito para practicar mis habilidades lingüísticas. No es mi español lo que estoy tratando de mejorar, sino un idioma indígena: el aymara. La Constitución boliviana reconoce 36 lenguas indígenas. Lamentablemente, varias de estas lenguas están extintas y muchas otras están al borde de la extinción. El aymara, sin embargo, sigue siendo fuerte con unos dos millones de hablantes en Bolivia (1) Aún así, el español ha abierto su camino hacia los pueblos aislados Aymaras, haciendo que me pregunte si hay algún incentivo para enseñar o aprender.

"¿Qué quieres Mateo?" Vicky se aleja de la actividad en la calle y me muestra una sonrisa de dientes dorados. Recientemente hemos dejado de llamarnos  el uno al otro casero y casera y nos tuteamos. Nunca llamo a ninguno de los otros encargados de la tienda por su primer nombre, pero con Vicky se siente natural. Ella es más joven y más abierta que cualquier otra persona de la que haya comprado.

"Hamburguesa aljita", le recuerdo que quiero practicar el aymara. Mientras que el español domina la comunicación en La Paz, el aymara no es infrecuente. Sus ruidosos sonidos guturales aparecen en los mercados locales o en estaciones de autobuses menos formales. Me cuesta, sin embargo, abrir una conversación en Aymara. Hace falta unos segundos para que los hablantes aymaras se den cuenta de que un gringo está tratando de hablar aymara. Si recibo una respuesta en Aymara, es poco probable que pueda entenderla. Mi mayor temor es que ofenda a alguien, ya que es difícil separar las lenguas bolivianas de sus implicaciones raciales.

Vicky no se ofende. "Poqata muntati?" Ella sabe que quiero mi hamburguesa con todo, pero ella repite la pregunta cada vez que la veo de todos modos. Crea una ilusión divertida de que puedo llevar una conversación en Aymara. Cualquiera que escuche puede creer que puedo hablarla. A menos que conozca o estudie un idioma extranjero usted mismo, es difícil de descifrar si alguien sólo conoce un par de preguntas básicas o es capaz de realmente hablar ese idioma.

"¿Hablas Aymara?" Una mujer levanta la vista desde sus salchipapas. Esta pregunta conduce a muchas más interrogantes a medida que yo aclaro que idiomas puedo o no puedo hablar como vivo exactamente en Bolivia. "Mi abuela solía hablar conmigo en Aymara", dice, "todavía puedo entenderlo, pero realmente no puedo hablar". He oído esta afirmación más de un par de veces.

"¿Hablas Aymara con tus hijas?" Me dirijo a Vicky. Ella es una orgullosa madre de 24 años.

"Judith entiende Aymara, y hablamos con ella." Vicky hace que  suene como si estuvieran manteniendo el lenguaje vivo en su familia, pero tengo mis dudas.

Judith a menudo en el restaurante muestra que reconoce las letras del alfabeto en su cuaderno de preescolar. Nunca la he oído decir una palabra en Aymara. Su madre le dirá algunas cosas a ella en Aymara, pero ella no muestra reacción y no sé si entiende. Vicky admite que incluso su propio aymara no es fluido. Puede ser la primera lengua de la gente en el área rural  cercana, pero las familias cambian a menudo al español cuando se mudan a la ciudad.

Una vez traté de charlar en Aymara con un conductor de autobús que a menudo contrato para que  me lleve  a las montañas. Él no tenía ni idea de que yo había estado estudiando Aymara y pensé que estaría encantado de escucharme decir algunas preguntas básicas. En su lugar, se atascó y respondió en español: "Crecí hablando Aymara en un pueblo junto a Illimani. Mi esposa también. Ahora vivimos en El Alto y hablamos español el uno con el otro. Mis hijos solo hablan español. Hace años que no hablo Aymara.

Vicky acaba de servir  dos trankapechos. "Ten cuidado con estos," Vicky agarra su cuello y finge ahogarse. "Yaaaah," ella les hace saber a las señoras que está bromeando. Se burlan juntamente con Vicky. Luego, le preguntan sobre sus hijas y comparan las guarderías. Incluso después de que Vicky les entrega su comida para ir, siguen charlando. Finalmente salen, intercambiando cálidas despedidas con Vicky.

Vicky se sienta junto a mí para una escapada rápida. "Ikina Munta", me dice. Ella se ve cansada. No creo que ella tenga un montón de tiempo libre entre llevar a Judith a la escuela, la compra para su puesto de comida y la cena que sirve, a veces se va a casa en El Alto para dormir, pero esta noche me puedo decir que ella va a dormir en el desván que está clavado encima de su restaurante.

"¿Quieres aprender algo de Inglés?" Sugiero.

"Tengo que aprender Inglés. Tienes que enseñarme. Sólo recuerdo cómo decir 'por favor' y 'gracias'. A veces, los turistas vienen aquí y no pueden hablar español."

Decido que ella debe aprender a expresar que platos tiene y cuáles ella no tiene a pesar de que es poco probable que lo vaya a usar. Ella trata de pronunciar la frase que he escrito en mi cuaderno y nos lanzamos a reír. No es solo el hecho de hablar con los clientes lo que motiva a Vicky, sino es que esté aprendiendo por la sola razón de aprender lo que le emociona. Es divertido. Pronto, estamos comparando el inglés con el aymara y me fascino por los ruidos extraños que pueden representar tanto.

Por mucho que queramos aprender idiomas por su practicidad, la experiencia puede ser mucho más. Los idiomas proporcionan una ojeada en el alma de la humanidad. Son la forma más cruda de la expresión humana, llevando a cada uno a su propia perspectiva y sabor único. La globalización es la consolidación de la comunicación en los idiomas principales del mundo, un desafortunado lado  de esto afecta a la dramática pérdida de la diversidad lingüística en todo el mundo, una vez cada dos semanas muere una lengua, una vez cada dos semanas que se pierde una idea de lo que somos.(2)

 

(1)https://en.wikipedia.org/wiki/Aymaran_languages

(2)http://ngm.nationalgeographic.com/2012/07/vanishing-languages/rymer-text

 

 

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Tags: 
habilidades lingüísticas / conversación en Aymara / habla español / casero